Una enorme llave, sin un corazón.
Para no ser doblegada ante nadie
Un par de dueños apartados,
decididos a encontrarse tras la cerradura.
El anhelo de llegar, y quien sabe
te encuentre ahí.
No por mi, no importa
te tendré allí.
Reflejaré tus sentidos en mis manos
seremos uno entre cuatro,
cinco entre dos
seremos nada.
Ocultaré la llave entre tus sábanas
no la encontrarás sino por mera casualidad
algo te dirá donde ir
no me encontrarás
y de todas formas,
volverás.
Así cuando quiera aparecer
y no sepa como hacerlo,
bastará con mi llave.
Me darás un beso
me iré tranquila,
deseando volver corriendo
tan sólo para descansar
tranquila, sumisa
a tu lado.
Al día siguiente te olvidaré,
siempre fingiendo
para no extrañarte tanto.
Ya el atardecer llega
y me descubre,
se encarga de perturbarme
tanto así,
siento celos del viento que roza tu piel
y del viento que se lleva todo
menos a mí.
Sin darme cuenta,
me diré: tan sólo un rato
se irá el frío,
el metal, la indiferencia.
Un amor, buenos días.
Despeinada de jugar,
arropada entre tus brazos.
Amanecer contigo.