martes, 25 de agosto de 2009

Respaldo


A veces siento que me enamoro de ti
como si te conociera tan poco como te conozco
A veces te siento lejos, pero soy yo hundiéndome en mí misma
A veces tiemblo sólo de pensar en mi sufrimiento
A veces me recojo de sólo imaginar el tuyo
Cuando las cosas pasan, pasan por algo
Descubrir ese algo es lo que me ha costado
Es probable que siga sin saber nada
Pero el cariño me recorre queriendo apoderar
¿Quién obstruye? Es el propio ser
Es el propio ser el que anhela
El que anhela la luz en las respuestas
En las respuestas que sin saber tiene en las manos
Las manos se atan y entregan firmes al dolor
Al dolor le hace falta coraje para dejar el hogar
El hogar es como un triste albergue, negro, húmedo
Húmedo, eso es lo que siento en el rostro, de tanto llorar
Tanto llorar por nada, tanto llorar por todo, tanto llorar por todo y por nada
Si me quieres acompañar, entenderás que una locura corre por mis venas
Corre por mis venas el masoquismo, la indiferencia, el amor lunático y la frialdad
Si quieres quererme, quizás también caigas en mi juego
¿Acaso quiéres ser parte de mi juego?
Quizás rompas mi tortura
Quizás destapes mi dolor
Porque quien ha caído bajo tierra
Porque quien ha tocado fondo
No tiene donde más caer
No puedo seguir cayendo
Sólo me queda salir.




Una toronja verde, de otros tiempos, ya pasados, borrosos en su nitidez, calados en lo profundo.

Entrecruces


Aló
No te lo puedo creer
Sí, en realidad el sábado se veía bastante mal
Bueno, muchas gracias
Sí claro, nos vemos.

Tomé mis cosas, no me molestaba partir temprano a casa, la tarde estaba fresca, no me molestaba caminar.
Busqué el reproductor por la mochila, que llena estaba mi mochila, y ahora, no usaría nada de lo que llevaba dentro. Saqué también los audífonos, con gran dificultad desenredé cables y cables, eran un mismo cable, enredado en muchas partes.
Vi la cajetilla, brillante en el caos de mi mochila, hice caso omiso de su presencia, no quería desvirgarla hasta que el momento fuera el preciso, el maravilloso, mágico.

Tomé los cables ya resueltos en mis manos, hice un nudo con un colet alrededor de su oscuridad cableada, me los eché al bolsillo, la Xime, me acompaña en mis caminatas una vez más.
Ya con la tranquilidad de los audífonos sobre mis orejas, pude abrir nuevamente el cierre, para desprender el plástico de mi cajetilla, el papellilo plata, y el primer cigarrillo, blanquecino, anhelado, cargado de otro tiempo.

Fue, todo lo que esperaba, me hubiese gustado su eternidad, sin tiempo, para variar, pero no me preocupó, tenía mucho por caminar aún, no tenía por qué dejar de disfrutar.

Mi caminar fue ligero, imperceptible, no quería forzarlo, quería flotar sobre el suelo, ligera, entonando sin verguenza por aquella vereda tantas veces recorrida. No me molestan las miradas de extrañeza, sé que en el fondo de sus corazones, les gustaría canturrear así por nada en especial.

El amor que dejé, la familia atrás, el secreto que guardo, no descansaré, sé que llegaré. Camino lento, lo que soy se va descosiendo, las raíces quedan al centro, lejos de aquí, esperaré, cambio de piel...

Para cuando retiré el segundo cigarrillo de la cajetilla, lo vi, y vi esas palabras corretear en mis ojos a toda velocidad. Me importó menos cuán rápido, cuán lento me dirigía, no miré el camino, miré mis ojos brillar desde fuera, saltarines.

Ese cigarrillo estuvo mejor que el anterior.

Y entonces, mi caminata se hizo aún más plácida, me encontré con tímida alegría con los conocidos, disfruté la chocolatada dulzona en mi boca, luego jugué con la bombilla llenando la pequeña cajita punteada de aire.

Mi refugio estaba casi vacío, deslizándome por las escaleras llegué a mi santuario, mi olorosito y acogedor santuario, tan mío, tan acigarrado, tan desordenado ¡Tan mío!

Llegué a arder con mis fantasmas, a batallar una tranquila pero dura batalla, cuando las aguas estuvieron calmas, pude sentarme a mirar el mar, a esperar mi atardecer, para charlar.

Cuando llegó me sonreí en mi soledad, sintiéndome acompañada, como hace lunas luneras no me sentía, que deliciosa sensación ésta, de dejar bailotear el anonimato de mi presencia, para presentarla, así, tal cual, y dejar de detestarla por aislarme, de empezar a agradecerle, por los tiempos regalados.

Sí, me crucé con el pequeño, con el antipático, con el nervioso, con los extraños, con la familia, con mis fantasmas y mis psicópatas, con los de él, con los de ella, y con los desconocidos.
Y para todos los físicos malditos, los vacíos también hablan, ustedes y su afán de ignorarlos, ¡pero que egoísmo diría Dios mismo!

Déjenme cruzar los vacíos tranquila, en mi santuario, no pueden amonestarme, no pueden contaminarme, el tren no se detiene, y cruzaremos caminos sin colisión.


Mi madre tierra querida, tan terca, tan sabia, mejor no digo nada, sé que mis manos aguardan más poder del que sienten, y se rinden ante ti, para que me acompañes.

¿Alguien gusta un cigarrillo?

domingo, 16 de agosto de 2009

El tormento antes del sueño

La lluvia, después de todo lo que le costó caer, ahora sólo tardará en detenerse. Y con su caída, caigo yo y mi semblante de indiferencia.
Me asusta a veces mi capacidad de desconexión con el exterior, mi envoltura es frágil pero igualmente imperturbable, me pesa sobre los hombros sin dejar de lado lo fácil que se me hace sostenerla y alimentarla con cada minuto de ausencia en mis ojos.

Por qué será que funciono de esta forma, puedo tenerlo todo, sin querer alcanzar nada, cuando hago el esfuerzo parecen vanos e infantiles, porque no pareciesen resultar de forma buena alguna.

Y aún cuando aparece en la patineta, con el pelo igual que siempre y el gesto de la misma manera, no hay sorpresa en mi rostro. Para cuando llegó mi turno en la ronda, con un hilo de voz sostuve mi nombre unos segundos, para saber que el tierno diminutivo no llegaría a mí como a las demás, yo era, el punto negro.

Y la cabeza como tortilla se eleva, se gira, cae y vuelve a retorcerse impulsada por quien sabe que cosa. Me marea, me polariza, voy de un lado a otro, pálida como la muerte, fría de manos como siempre, inexpresiva y explosiva, dolorida de la neblina.

Esa neblina paciente, cómoda y estática, mi escudo angustioso, mi barrera, mía como de nadie, invisible, presente como el día gris a los ojos del sueño, mi barrera de hierro, mis temores, mis odios, mi vida incapaz de desprenderse del fracaso, y no habrá caso en culpar a nadie, soy lo que soy y siendo esto no encuentro forma de alegrarme.

¿Y qué necesito? No quiero necesitar nada, si todo lo tengo o nada me falta no pareciese hacer diferencia.

De mi mente soy prisionera, por aprisionar mi dolor como a mi tierra, sufro, como hierba pisoteada, con mesura y en silencio, sin comprender, sin determinación, sufro en el encierro, sufro en mis cuatro paredes, en este cuerpo que escondo, en mi palidez con la del cielo.

En la lluvia, reventando en el suelo, sufro, en mi temperamento, de positivo a negativo, de todo a nada, sufro, por no comprender, por reventar contra mi pecho la amargura y las navajas del recelo.

No quiero ser navaja en otros pechos, ni deshacerme en lluvia por sus rostros, a veces, que no te quieran, es mas fácil. Al menos para intentar descifrar lo indescifrable.

14/08




viernes, 22 de mayo de 2009

Un antes y un después.


Palomita, mi amiguita, alitas blancas, vuela tranquila.

Y donde hay sol, que arda el fuego, ¿quiéres mirarme?

Quizás no quieras mirar

no vayas a equivocarte paloma

que por mal vuelo, vamos perdiendo el equilibrio.


¡Y quién dijo que yo tenía paciencia!

Yo no tengo paciencia, y siempre estoy super ocupada

con puras tonteras, pero las tonteras te ocupan también.

Y estoy agotada de los resfrios, porque no puedo respirar

¿qué es un ser humano sin respirar?

explíquenme por favor.


Y la gente y los monos

y la mononucleosis de la Francisca.


Y los mexicanos y los cerdos

la famosa gripe porcina.


Y todos corren en círculos, ¡caos! ¡caos!

Llegó la fiebre con las parranderas dominicanas, pero que mala suerte.


Y de nuevo, nadie quiere salir a caminar, me pregunto por qué a la gente no le gusta caminar, ¿será el sistema que los tiene acostumbrados a correr? o porque no hay nada que les parezca más a una pérdida de tiempo que salir a caminar en una soleada tarde.


Y no, no me traten mal por el teléfono, con la lata que me da contestarlo, que después me hablen apurados para cortarme, ninguna posibilidad.


Sí, sí, es bonito el dada rada daradarada y que eso se llame como se llame, pero me baja la rabia por el aparato telefónico y me largo al cine, porque me invitaron, si no, me duele colaborar con ese robo cinematográfico.

tututututututututut, nos trasladamos temporalmente a varios días más adelante, y lo digo de esta forma, porque no tengo idea cuántos son exactamente.

Pero bueno, en el presente, la porcina ya está como colilla de cigarrillo por las calles, ¡por todas partes! ándate chanchito, la media patá.

Y, en cuanto a mí, que violenta, ¡que violencia!
Hace tiempo que no sentía tantos deseos de golpear a alguien en la cara, lo sé, lo sé, no es buena la violencia, mi mamá siempre me dice que no pierda el tiempo con cosas que no se merecen mi atención, pero uno igual lo hace, porque es tonto y fallido.

Pero bueno, después de pasar un día de malestar estomacal y de pelo sucio, y de tener que seguir con ojos fervorosos e iracundos a un mequetrefe de marca mayor, ya me dio la lata la situación, y ya fue mucho de andar lamentándose por necedades, con hoy, ya me bastó, para andar con la rabieta y enchufada al aparatito que suena.

Mañana, día de la pantufla, tendrá que ser un día menos oscuro, ¡vamos palomita! no se me vaya a desarmar, ahora como antes, como si no hubiese pasado peores.

¡Éxito para los desamparados!

Porque fallé, lo sé, pero si bien he fallado, podré también no fallar, y me rehuso a convencerme de lo contrario, puedo hacer las cosas mal, y abrir los ojos a una realidad que no es la que está frente a mis ojos, pero podré también, llegada la hora, tomar la decisión correcta, y dejarme de tanto mequetrefe.

¡Esperanza para los desesperanzados!

Que si hay que llorar, lloraremos, pero busquemos de donde sostener los brazos, para ponernos de pie y amanecer de nuevo, y ver atardecer, algún día, más tranquilos, menos ansiosos, abrazados al sol.


Ya lo estoy queriendo, ya me estoy volviendo canción, barro tal vez.
Y es que ésta es mi corteza, donde el hacha golpeará, donde el río secará para callar.


Que arda el huracán



No hubo saltos, no hubo gritos, hubo tan sólo...¿será ese un problema?
Que acostumbrada estoy a ser problema, y tiempo que no me sentía en des control de la situación, a pesar de mi infelicidad al poseer control absoluto, en estos momentos, extraño un poco que mi tema no sea la inseguridad, el piso cristalino tentando a quebrarse en cualquier momento.


Y aún no sé si es que me siento más grande o más pequeña, quizás me siento grande como pequeña, quizás ansío más que nada el juego impaciente de las respuestas que llegan y se van, ansío la ceguera por unos momentos, anhelo fluir y entregarme desecha.

Caen los brazos a los lados, caen las barreras, y puedo admirar esa sonrisa sin criticarla, sin juzgarla, por criticona me he dado cabezasos contra la pared, y por tener el control he tirado al mar cada alegría nueva, genuina y esperanzada.

Ahora, en vez de temer, no me queda más que fluir, fluir con lo que venga, y a qué podría tenerle miedo, si ya todo odio que he podido ganarme, me lo he ganado, y así también los rencores y los cariños, esa es la vida, no hubo caso en pelear.

Jamás están todos felices, son tan insaciables como yo, siempre queremos más, aunque lo tengamos todo, porque no hay algo así como todo, que raza más prodigiosa en el arte de encontrar necesidades e insatisfacciones. Y es siempre necesario perderlo todo, para notar que sí, alguna vez lo tuvimos, y pudimos ser felices, y escogimos no serlo.

Sí, lo admito, no con orgullo, si no con tristeza, llevo un buen tiempo escogiendo la no felicidad, y así, como heroína intravenosa llevo tiempo inyectando tragedia, directo al torrente sanguíneo.
¿Alguien adivina?
El llanto se hizo pesado como mi cuerpo, mi pena negra como la noche, viví en penumbra, exhalando el humo del cigarrillo en soledad.
Y no hay que ser demasiado inteligente, nada bueno salió de eso, aprendí, sí claro que aprendí, sobre esta puta vida y por qué a veces la llamamos puta.

Y aprendí también, que no es necesario hacerlo, y que el ardiente sol no está tan lejos ni tan difícil de encontrar.

Puedo afirmarle a quien quiera, que no hube de tener vida más triste, cuando olvidé lo importante que era amar, cuando olvidé lo importante que es decirlo y sentirlo, la rabia y la puta madre, ni siquiera escribir podía ya, y aún siento verguenza de admitir lo que siento en el interior, deseo no sentirla más, y si deben reírse de mí, adelante, háganlo, si al fin y al cabo, la imbécil fui yo, fui yo quien entregó mi vida a crítica de los demás, como si los demás no tuviesen suficiente ya con sus propias vidas.

Y es probable que esté perdiendo todo ese talento que solía sentir que tenía para escribir, probablemente ahora, soy tan mediocre como cualquier mediocre, pero quizás, cuando lleguen nuevas inspiraciones, habrá nuevas sensaciones que transmitir con emoción.

Y si no hay emoción, que haya alegría al menos, y si no hay alegría, ojalá el recuerdo de que en este mundo mentiroso y corrupto, siempre se puede encontrar algo de donde sostenerse hasta que pase el huracán.

Huracanes, eso quiero, desarmarlo todo y rearmarlo como sea.

Recordar las mañanas, cuando el sol de a poco se aparece, mantieniendo tibia la piel, y brillantes los rostros, revivir el atardecer, el íntimo escondite de los deseos, y el sol que apasionado se despide, dejando su ardiente rastro ,unos segundos, en el horizonte.

Y tal vez, sólo tal vez, ya no habrá noches frías en soledad.





domingo, 17 de mayo de 2009

Ojos dorados


Voy a hacer una lista, con ojos dorados al mundo, para recordar que tengo tantitas razones pa' sonreir porque sí, para sentirme feliz.

¡Brindo por un nuevo día!
¡Brindo por la mañana y por los comienzos!

Las mandarinas y su olorsito
El sonido de las ojas secas al quebrarse
Un beso tranquilo en mis labios
El aroma del té recién hecho
El aroma que se desprende cuando llueve, a tierra mojada
Un abrazo de grandes brazos
Los pies descalzos sintiendo el pasto
Los pies descalzos sintiendo las olas ir y venir
El sonido apacible del mar
Sentir la emoción torpe y adrenalínica de un nuevo amor
Entregar mi pelo al juego de manos ajenas
Andar en bicicleta sin esfuerzo
Que me abracen cuando lloro, como si fuese muy pequeñita
Enamorarme sin importarme
Cantar y emocionar
Cuando la Cata hace tonteras conmigo
Cuando la Gaby se pone regalona
Cuando la Cami se pone graciosa
Cuando la Paula me tira besos
Cuando la Nacha se ríe con ganas
Cuando la Anto me manda mensajes rimados
Gracias - Jorge Drexler
Tu sonrisa Inolvidable - Fito Paez
Comer casi cualquier cosa con miel
Viajes largos en auto
Comer helado en invierno
Echarle manjar al helado
Cantar con mis tías
Bailar bailar hasta el cansancio
Tener donde acurrucarse en Invierno
Ver una buena película
Un extraño que sonríe
Sentirse bonita
Que te digan algo realmente especial
Escribir y que inspire
Ojos que brillan
Los amigos en noches interminables
La luna llena
Árboles de colores
Cartas inusuales e inesperadas
El 6 de Agosto
Sacar fotos, aunque no sean buenas
Ser perdonada
Un buen libro
Tejer y guardar la lana en el bolsillo del abrigo de la Cata
Meter las manos en colafría
Pintarse las manos con tempera
Café con leche condensada
Café con frío y vainilla
Chocolate que se derrite en los dedos
Comptine d'un autre été: l'apres midi
Un vestido de verano
Girar y girar y girar hasta marear
Hacerle bien a alguien más
Girasoles
Cerezos en primavera


Seguiré, porque de todas formas y maneras el objetivo no es tenerlos todos, ni tener ninguno, es la prueba, de que no debe haber oscuridad tan poderosa como para acabar con tanta luz, por tenue que pueda ser.

Y si la seguridad no llega, voy a salir a buscarla
Y si no dejo de patear a la alegría, va a terminar pateandome de vuelta
Nadie nos enseña a crecer ni a ser felices, pero de todas formas lo buscamos incansables, hay cosas que debemos aprender aprendiendo, y no esperar ese día si no levantar la frente hoy.



miércoles, 29 de abril de 2009

Tiquitiquitiquitiquitiqui


Y no necesité nunca de mucha inspiración, cierto es, que quizá siempre tuve mucha. No es que la haya perdido, es que ya estaba rodando mucho en lo mismo, y ¿por qué ruedo? ruedo porque hay que rodar, hay que girar y reescribir, mirar y desandar, no sé, porque sí.

Siempre vuelven a aparecer, estas cosas de ser humano, burdas, primitivas, paranoicas, de persona, de emociones, de arrepentimientos, de cerebro.

De vez en cuando me pregunto cuando voy a dejar de preguntarme siempre las mismas cosas, me aburro, quiero pensar en otras cosas y en otras personas, es siempre lo mismo, lo mismo de siempre, ya no me motiva.

Pero, no hay nada de malo en que no me motive ya, siempre se dice "la rutina termina por aburrir" y todas esas cosas que hacen que la palabra rutina se lleve muchas culpas de diversas índoles, o de dolencias varias, quien sabe. Lo que yo sé, es que necesito nuevas motivaciones, para salir del estado patético de resfrío, bajas defensivas y torpes llantos a cada rato. Estoy aburrida también de andar llorando, me aburre llorar, pero, es más entretenido que no hacer nada, aunque, ni siquiera lloro porque quiero, se me escapa, todo lo bueno se ha ido, ahora lo malo me patea por la espalda a cada rato ¡Que aburrimiento!

Y que se entienda, no es que viva de negro lamentando mi infortunio, sólo admito que, mi cerebro no anda bien, y los enfoques andan tan desorientados que me la paso hablando de vibraciones de enchufes y de las moscas de las frutas que hablan.

¿Por qué será que me cuesta tanto saber que quiero?

Es una cosa compleja, asumir, procesar, enfrentar, contar, descontar, dudar, BLA BLA BLA...
Y, para qué voy a mentir ¡eso también me aburre! Me aburre, porque soy una latera cuando se trata de esas cosas, y sí, que coraje el de aquellos que me aguantan, puedo ser realmente insoportable, al menos me consuelo con esos momentos de dulzura y amorcillo que me dan, pero ¡demonios! intercambiar las frecuencias no me vendría nada de mal...
Si tan sólo pudiese leerme la cabeza como leo los cuadernos, ojalá subrayado con colores, lleno llenito de flechas pa'cá y pa'llá, porque si no, no voy a salir nunca.

¡Necesito salir!

Pero bueno, no es terrible la cosa, por favor, no malinterpreten mis ironías, me gusta molestarme, porque me carga que me molesten cuando no saben nada de nada, yo que sé de todo casi todo, me molesto. Y la verdad es que, de bastante me ha servido todo esto, por lo demás, hay que vivir, y vivirla toda, si no, ¡que aburrido sería!

Y me retracto, no necesito salir, ni de aquí ni de allá, digamos que simplemente, hay momento como estos, en los que necesito llorar y que me hagan cariñito para sentirme mejor.

Para dejar ir los fantasmas que torturan, y encontrarse unos nuevos, jovencitos y perfumados, que me traigan otras cosas, de aquí y del más allá. Eso es lo que realmente quiero, no lo que necesito, es liberar esas malditas torturas, dejar que lo nuevo venga y desordene, y bueno, después veré como me las arreglo, como siempre.


Me gusta el sonido que hacen esas bolitas de colores cuando ruedan por la mesa y caen al suelo. Tiquitiquitiquitiquitiquitiquitiquitiqui
AMANDA