domingo, 15 de marzo de 2009

Tempo


Cayó en la tierra
quien desde el cielo
no reconoce propietario.

Cayó en mis manos
ardiente sonido
presión sanguínea.

Cayó contigo
el llanto amargo
negro silencio.

Vivió en mi mente
escondido terror
de un pasado blanco.

Y una hora se sumó, porque así el hombre lo quiso.
La noche, fría, no quiso retroceder un sólo minuto.
El grito se hizo pesado, mi oído no pudo soportarlo.
Y cuando el cuerpo quiso sacar su animal, el padre se interpuso, no dejó salir la locura.
El animal, enojado, permaneció alerta, perturbado.
Cuando hubo que decidir, el alrededor giró, dejándolo en el medio, la tierra habló, el animal dejó de ser.

La noche sucumbió el fuego, las llamas encendieron, la adrenalina corrió hambrienta por los cuerpos, los hizo odiar, los hizo incansables, no los dejó fatigar, persiguieron su presa con esmero, con sed de asesinar.

El día peligraba con ensuciarse, la tierra tuvo que tomar asiento, la tierra tuvo que pedir ayuda, tuvo que desear la fatiga, no supimos si lo logró, pero sabemos que sintió el cansancio apoderarse de si, cambió el sentido al menos, no había conciencia del otro lado, el culpable fue rescatado de su propio agujero, pero quizás cuantos agujeros queden, si es que la tierra te ha rescatado, no cuentes con que estará siempre para hacerlo.

La mañana abrazó calurosamente nuestros cuerpos, obligó a su hija a levantarse y a sentir la tibia tierra en sus pies, más tarde la hizo abrazar al extraño, después la sentó a pensar, luego la puso a bailar, a disfrutar, cuando ya hubo despertado la sangre de su centro, la dejó retroceder.

Descansa corazón, deja que la luz se oculte, así podrás dormir.

viernes, 27 de febrero de 2009

Flores en la ventana

A veces la vida se toma unos tiempos extraños para enseñarnos ciertas cosas. En estos días que ya están medio lejanos y en estos que aún se están desprendiendo de la presente cercanía, he encontrado una peculiar sensación de felicidad y de curiosidad al mismo tiempo.

De vez en cuando las respuestas inesperadas afloran en el cuerpo y las lágrimas ocasionales se hacen más livianas. Incluso me es difícil concentrarme, es difícil profundizar cuando el sentimiento se pasea tranquilo en el aire.

Cada vez que gira mi mundo aparecen nuevas cosas que me llevo hasta poder descifrar, hoy tengo unas cuantas que no me atormentan, que tranquila me siento así, que breve se vuelve la agonía, que agradable la templanza.

Y cuando recuerdo esos cariños, ese romanticismo lleno de fresca brisa, esas risas y esos desvergonzados cantos, sonrío, sonrío en la oscuridad de esta noche sin novedad, y porque no diré que no me hace falta, un poco de paciencia y de calma para disfrutarla y sentirla.

No está de más decir que comienzan pronto cosas nuevas, es muy probable que ya hayan empezado, y no me asusta, los tiempos me han arrojado ya muchas herramientas, muchos amores y diferentes lecciones, ahora tengo la confianza de poder utilizarlas mejor y caminar más suave, menos ruido, más paz.

Y recordaré cada nuevo encuentro como un lindo deseo, y traeré el pasado para comprender mejor lo que se viene, porque si no es así, ¡qué sentido tendría!

Por suerte hay otra infinidad de sin sentidos para dar sentido, o para conformarse con su deliciosa espontaneidad, ojalá siempre dulce.

Es que ya no se trata de cuantos errores he cometido, no se trata de cuantos errores cometieron conmigo, si no de cuantos aciertos voy a tener y que efímeras o eternas alegrías podré crear. Porque no es necesario ser felices cuando la flor despierta con el sol, podemos ser felices bajo la lluvia mientras no perdamos esperanzas de que podemos serlo. Y que esto me sirva como lección, para reinventar un par de momentos y para buscar mejor ojos con realidad, con sueños, con mejor luz.

Que las dudas existan, pero que el martirio no penetre tanto.
Que el llanto se manifieste, que no apuñale tanto.
Que la rabia patee un par de piedras en el camino, que no asesine.
Y que la alegría valga, tanto como vale todo lo demás.

Para ser grandes, tan sólo hay que ser grandes. Porque a pesar de todo, esta vida me ha demostrado que no hay nada todavía por lo que valga morir en pena. Y eso, no es una idiotez.
Tal vez es simplemente que olvidamos expresar, a veces olvidamos aprender, otras reconocer, algunas perseverar, pero por sobretodo, muchas veces olvidamos amar por sobre lo demás.

Quien sabe, es que quizás necesitaba inundarme de oscuridad para poder rescatarme en el recuerdo de que hay algo mejor que todo eso.
Y nada es en vano ciertamente, quizás es sólo tiempo de mirar en otro lugar.



Y ella decidió creer, y no dudar.
Porque aunque a veces todo cambia,
hay cosas que nunca van a cambiar.

sábado, 21 de febrero de 2009

Catorces catorces


La osadía se manifiesta como hecho único y particular de valentía. No confundamos el juego osado con el verdadero ser que no se puede cambiar.

Y el sueño se vuelve severo y sincero, no dejando atrás la realidad que acecha al hombre. El cuerpo siente ánsias, la mente tiene sueños, la luz no se acaba, sólo se esconde temporalmente.

Entonces el alma siente la soledad y el abandono, siendo la luz tenue, siendo breve la muerte.

Cuando el tiempo habla, sólo el movimiento lo calma.
No hay muerte tan eterna como la que se gesta en vida.
No habrá vida tan eterna como ésta, que cae y se levanta.

Quien caiga y se quede no tendrá más oportunidad.
Quien se levante aunque sienta que ha muerto, podrá seguir viviendo con una victoria dentro, tal vez sin seguridad, pero con certeza.

14/Feb/2009

miércoles, 28 de enero de 2009

Central


Dados los acontecimientos dados en una serie de tiempo determinado que no se excede pero se valora en su plenitud, podemos admirar una serie de comportamientos animales feroces y robóticos mecánicos que nos llevan a una lista de innecesarias pero válidas conclusiones con respecto a tantas cosas importantes como sin importancia.

El centro de santiago es un lugar interesante, porque entre tanto olor a gente que levanta polvo con sus nuevos zapatos de verano adquiridos en alguna de las tantas tiendas que rodean al lugar, de pronto una brisa con aroma a shampoo se pasea libremente por las calles, porque además, el dueño del lugarcillo del almuerzo es un istriónico personaje que aparece repentinamente a tu lado para sentir curiosidad por tus características.

Cosa curiosa que en menos de dos cuadras pude apreciar la prédica evangélica más potente de mi vida y los gritos de un trío de locos que daban perros en adopción.

Dentro de todas estas exclusividades del lugar, por lo demás, puedo entender el delicioso afán de un personaje adulto, por trabajar en una oficina, mientras afuera es un verdadero horno en esta época de verano, y tanto los pies como la frente sudan, los privilegiados del piso 12 cuentan con un aire acondicionado heavy metal que no deja espacio para una gota de calor, con una vista privilegiada del centro de la ciudad y, por lo demás, con agua en unas cuantas esquinas para su deleite. Viéndolo de este modo, quizás no nos extrañe tanto la determinada y MAYORITARIA decisión de tomar el auto todos los días a la misma hora para dirigirse a estos lugares, que para nosotros adolescentes, en nuestra mayoría, no significan mucho más que una silla, un escritorio, y un esclavizante computador.

Y a pesar de que existen factores que podrían refutar esa afirmación o incluso variarla, lo que sea, existe un factor aún mayor, y aún más importante y fundamental en todo esto. Podremos llegar a un concenso llamado, maldito dinero.

Y porque al final, cualquiera de estos personajes que en este momento siento teclear al igual que yo, y siento vacilar de un lugar a otro por los pasillos, tienen un límite, y una fecha de expiración, no hay fantasma que los persiga más, que el de llevar al hogar, cada mes, una cierta cantidad de dinero, para sobrevivir, o quizás, para SUPER VIVIR.

Y teniendo muchas cosas más interesantes y fundamentales en mi vida que decir, me limitaré con esto, porque no tengo ganas, en este momento, de profundizar en ninguna otra cosa.
Y siendo la hora que sea, me retiro satisfecha a tomar un poco de agua fría de algún pasillo, porque hoy, no es día de quejas.

lunes, 5 de enero de 2009

Reconstruir


Desde pequeña tengo el recuerdo de mi madre utilizando el término "regalonear" y que yo era una regalona a pesar de mi indiferencia.

Más tarde, en los distintos encuentros amorosos de la vida, me he encontrado nuevamente con mi actitud regalona de largas y agradables horas. Cayendo hoy, a raíz de una banalidad, en una pregunta vital a estas alturas, ¿qué es regalonear? o más directo aún, ¿qué de regalonear es lo que llama tanto la atención?

Mi primera respuesta fue simple y concisa, "es acurrucarse a hacerse cariño". Con eso pareció bastarme, a mí, pero no a mí receptor que pareció tener mayores expectativas de mi.

Luego de pensarlo un rato, llegué a la conclusión de que el regalonear puede trascender de eso, en algunos casos, en los especiales o netamente verdaderos, hay un cambio de lenguaje, una adaptación de un código que se deja de lado para que otro prevalezca.

Esos ojos que se mantienen cerrados y que de cuando en cuando se abren y se topan, íntimos, cercanos, semi abiertos, amarrados. Son un nuevo lenguaje que se manifiesta.
Ese beso cálido, lento, tierno y poderoso que se entrega, es tan superior que puede tener atadas dos personas por horas, cada vez que se quiere decir te amo, se recurre a él, como arma infalible.

Y es efectivamente, un nuevo código, que se estructura siempre nuevo y con pequeñas o grandes modificaciones.
Como ese beso torpe del principio que ahora se jacta de un cuidado y una agresividad delicada única en su especie.
Tampoco podemos dejar fuera ese apasionado encuentro entre los labios que se persiguen, se muerden, se apegan y compenetran hasta perderse y confundirse, también hablan, todos hablan.

Cada mano artista que dibuja en trazos las figuras que existen y no existen en el cuerpo, es el arte de un amor que se manifiesta, que se entrelaza entre el cabello que cae sobre la piel agitada y se revuelve para despejar la cara, entre los pies que torcidos se entrelazan y las rodillas que se atraviesan para minimizar ese ínfimo espacio entre los cuerpos.

Hay ciertos amores, hay ciertos dolores, hay ciertos besos y ciertas maneras, que cada quien se encuentre en diferentes maneras, en ciertos abrazos, ciertos espacios, tales besos, tales ojos.

Y ojalá, que cada vez, nos equivoquemos menos, para que al final, haya muchos ciertos, sin tantos desamores ni desgarros sangrantes del interior.

viernes, 26 de diciembre de 2008

El grito navideño.

Me parecería curioso encontrar un individuo que nunca haya sentido la necesidad, aunque sea una vez, de gritar mucho y muy fuerte, tratando de dejar salir algo inmerso en ese grito.

Más de una vez mis ansias de arrancarme del pecho un enorme sentimiento desgarrador me han llevado a un grito del mismo tipo, sirviendo, no sé, sirviendo, tal vez, depende, de cuan profundo, de cuan doloroso, de cuantas ansias, de tantas variables finitas en infinitas combinaciones.

En momentos como éste, en los que me identifico como una mujer medio aburrida, medio estresada y con deficiencias de cariño severas dado el agitamiento de sus últimos acontecimientos, me encantaría gritar unas cuantas muchas cosas, sólo para descargar un poco este estado tan deplorable en el que caigo en estas circunstancias.

Y no nos encontramos frente a un estado depresivo, no.
Ni tampoco frente a un estado demacrado y perjudicado, no.
Si no que nos encontramos frente a un enorme iceberg con forma de mujer que se planta inmutable frente a un computador a hacer uso de un difícil medio de expresión en términos expresivos, y que, con su falta de expresividad, se transforma en una masificación de su estado inusual y perturbador de ánimo.

Siendo el minuto dado y actual en que van transcurriendo mis palabras, un minuto más muchos otros que se dividen en un estado pensativo, medio triste, y un estado curiosamente despierto y atento...
Me parecería un momento adecuado e incluso perfecto para gritar pelotudeces en medio de la noche cuando los vecinos duermen, pero, hay muchos otros factores que me lo impiden, desde los más vagos, hasta los que son, un poco menos vagos.
Dada la situación, tampoco puedo quedarme de brazos cruzados sin tomar ningún tipo de acción al respecto, pero ahora que escribo esas palabras y las veo escritas, puedo darme cuenta de que sí, puedo quedarme de brazos cruzados y guardar mis gritos para otro momento impulsivo de gritar.

Y como ciertos individuos han osado dejarme hablando en soledad, he decidido retirarme y dejar esto botado así como asá, porque será, a esta hora, mi mayor expresión de rebeldía.

Deseandoles a todos muchas desgracias que en realidad no estoy deseando, se despide atentamente
El Grinch

jueves, 4 de diciembre de 2008

Baby, hasta la vista



No diremos que es una linda cara, ni siquiera una linda sonrisa, pero es. Con eso debiese bastar al menos hasta mañana, y ¿qué les parece? El cielo está estrellado, como no estaba hace tiempo, al menos para mi ojos. Entre tanta lista, tanta carta, tanto mensaje, tanto e-mail, todo se vuelve tan palpable, tan físico, tan cercano y distante en una misma expresión de la sensación abrumadora que es el amor.

Y, ¿qué es el amor?
No, no voy a ponerme a responder esa pregunta, podría estar horas y terminaría siendo un poco de lo dicho y de lo que aún no se dice, plagado de clichés y tonterías tanto trascendentales como idiotas, por lo que, dejando esa temática al aire, voy a continuar con nada menos ni más interesante.

Y en la víspera de este gran viaje, tan temeroso, tan premeditado, protegido y atormentado, no puedo pensar en las palabras de nadie, simplemente puedo mirar el suelo de mi pieza, lleno de polvo, el desastre que yace encima de la cama, con miles de cosas que debo guardar o asegurar en algún lugar, y que aún no tengo ánimos de hacer. Como sabrán, ni la eficiencia ni la organización son parte de mis atribuciones, no queriendo decir con esto que no puedo llegar a ser ninguna de esas cosas, quizás simplemente no me llama la atención ahora, hacer el esfuerzo.

Y ahora que la bateria empieza a decaer, me pregunto, por qué habrá pasado, por qué todo, por qué todo de todo, y por qué todo cuando pasó, ni antes, ni después, sólo fue cuando quizo ser, pero ¿por qué?

Sí, lo sé, soy una lata, por qué no puedo conformarme con que las cosas pasaron así por algo y ya, y tal vez debiese ser eso suficiente, pero no parece serlo. El niño estira los brazos hacia adelante, buscando quien lo levante y lo cobije un momento en sus brazos, sólo para sentirse aliviado y protegido, aunque sea por un momento.

Así me siento de vez en cuando, con la necesidad de que un par de brazos amables me sostengan un rato, y me dejen llorar ahí, aliviada.

Y aunque la vida te da sorpresas, también le gusta volverse evidente de vez en cuando, dándote el peligroso papel de escribir el movimiento que sigue, y cuando eso pasa, por lo general, somos nosotros mismos quienes nos paramos al borde del precipicio a tomar el riesgo que no debíamos tomar, o que perfectamente podríamos haber evitado tomando un camino seguro y recorrido.

Pero díganme, ¿cúantos se conforman? cuántos se conforman con ese lindo camino iluminado, no son tantos, ni tan pocos, pero no son tantos, como, me atrevo a decir, a veces quisiéramos. Lo interesante sería, que cada uno de los que por voluntad propia se ha levantado frente al precipicio, dejará de mirar abajo tan absorto y girara la cabeza hacia sus costado, quizá cuantos conocidos, quizá cuantos familiares, quizá cuantos amores perdidos, nunca se sabe.

Estoy tán pálida como la muerte, y puedo admitir que no es esa mi mejor cara, pero ya me voy, de vacaciones ojalá, de locuras ojalá, no me importa lo que haga, no me importa lo que deje de hacer, ha sido ya mucho tiempo de pensar, si a nadie le molesta, voy a vivir por un rato, hasta que me aburra, y vuelva a pensar.

Rizos de oro, Cabello de fuego, Negrita Azabache, queridos, amados, torturados, ahogados, todos como nadie, nadie como tú.

Hasta la vista, hasta la vuelta, hasta que venga.